Varias masas de agua subterránea continúan deteriorándose mientras avanzan con lentitud los procedimientos para declararlas en riesgo. El problema afecta al abastecimiento, la agricultura y el control de las extracciones.
Varias masas de agua subterránea de Andalucía continúan deteriorándose mientras se demora su declaración administrativa como acuíferos en riesgo. En este contexto, una información publicada por El País este 22 de septiembre sitúa el foco en estos retrasos y en sus consecuencias para el abastecimiento y los usos agrícolas. Entre los ejemplos aparece Bedmar-Jódar, en Jaén, donde el periódico señala que el nivel del acuífero ha descendido 107 metros desde 1968.
El deterioro de los acuíferos mantiene la presión sobre el abastecimiento
Las aguas subterráneas constituyen una reserva estratégica durante los periodos de escasez y sirven para el abastecimiento doméstico y distintas actividades económicas. La propia Junta de Andalucía explica la importancia de estas masas de agua y advierte de que pueden verse sometidas a sobreexplotación y otros procesos de deterioro.
Los efectos pueden aparecer incluso cuando las reservas superficiales presentan una situación más favorable. En mayo, por ejemplo, cuatro municipios malagueños adoptaron restricciones de agua por la situación de sus acuíferos pese a las lluvias registradas durante los meses anteriores. La recuperación de los embalses, por tanto, no implica necesariamente una recuperación equivalente de las reservas subterráneas.
Bedmar-Jódar refleja el problema de las masas de agua subterránea
El acuífero de Bedmar-Jódar figura entre los casos señalados por la información publicada este martes. Según El País, el descenso acumulado alcanza los 107 metros desde 1968 en Jódar. El caso resulta especialmente relevante porque estas reservas tienen relación directa con el abastecimiento de los municipios afectados.
La situación también permite diferenciar dos indicadores que no siempre evolucionan de la misma forma. Los embalses andaluces mantenían en agosto de 2026 reservas muy superiores a las de un año antes, pero las masas de agua subterránea responden a otros procesos de recarga y explotación. Por ello, el buen comportamiento de las reservas superficiales no permite conocer por sí solo el estado de un acuífero.
Qué implica declarar un acuífero en riesgo
La denominación administrativa tiene consecuencias concretas. El artículo 56 del texto refundido de la Ley de Aguas regula la declaración de las masas de agua subterránea que están en riesgo de no alcanzar un buen estado cuantitativo o químico. Una vez adoptada, la normativa establece medidas destinadas a recuperar la masa afectada.
La ley contempla que el organismo de cuenca constituya una comunidad de usuarios en un plazo de seis meses si todavía no existe. También prevé un programa de actuación para recuperar el buen estado de la masa en el plazo máximo de un año desde la declaración. Hasta su aprobación pueden imponerse limitaciones a las extracciones y otras medidas cautelares para proteger las aguas subterráneas.
El retraso administrativo condiciona las medidas sobre las extracciones
La cuestión central se encuentra en el tiempo que transcurre entre la detección del deterioro y la declaración administrativa. El País señala que solo seis acuíferos andaluces aparecen oficialmente reconocidos como sobreexplotados y describe procedimientos pendientes en distintas zonas de la comunidad.
La declaración resulta relevante porque activa herramientas específicas para ordenar el uso del agua y recuperar la masa afectada. La información oficial sobre el estado cuantitativo de las aguas subterráneas permite consultar datos vinculados a la planificación hidrológica 2022-2027.
El seguimiento de estas reservas resulta especialmente importante en territorios donde el mismo recurso debe atender al abastecimiento de población y a actividades agrícolas.