La antigua tradición andaluza de los melones iluminados por Todos los Santos

Los farolillos de melón forman parte de una antigua costumbre de Todos los Santos que todavía se recupera en municipios de Granada, Córdoba y Sevilla.

Antes de que Halloween llenara las calles de calabazas y disfraces, muchos niños de los pueblos andaluces ya tenían su propia manera de celebrar la noche del 31 de octubre. Vaciaban melones, tallaban caras y colocaban pequeñas velas en su interior para convertirlos en farolillos. Esta antigua tradición, documentada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, sigue presente en localidades como Salar, Olivares y Cañada Rosal. En octubre de 2026, nuevas actividades vuelven a acercar esta costumbre a las generaciones más jóvenes.

Los pueblos de Andalucía donde se conserva la tradición de los farolillos de melón

La elaboración de farolillos de melón era una costumbre vinculada a la víspera de Todos los Santos, especialmente en distintas localidades rurales. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico documenta esta práctica en Salar, municipio de Granada, dentro de su inventario de patrimonio inmaterial. También existen referencias a su celebración en La Zubia, Priego de Córdoba, Jauja, Monturque, La Rambla, Cañada Rosal y Olivares.

En este último municipio sevillano, el Ayuntamiento impulsó su recuperación después de que hubiera perdido presencia entre las nuevas generaciones. Los vecinos conocen estos farolillos como melones reculo, porque se elaboraban con frutos pequeños que se retiraban durante la poda. La costumbre forma parte de las tradiciones de Todos los Santos que han marcado durante décadas la vida de los pueblos andaluces.

Cómo se hacían los farolillos de melón que iluminaban las calles

Su elaboración comenzaba con un melón, generalmente pequeño o que no se iba a aprovechar para el consumo. Se cortaba y vaciaba cuidadosamente, retirando la pulpa y las semillas. Después, con ayuda de un cuchillo, se perforaba la piel para dibujar ojos, bocas, estrellas, lunas o figuras geométricas.

Una vez terminado el dibujo, se introducía una pequeña vela o una mariposa de aceite que iluminaba las figuras desde dentro. Según explica el Ayuntamiento de Olivares, también se practicaban agujeros para pasar una cuerda y poder transportar el farolillo. Los niños recorrían las calles acompañados de sus amigos, convirtiendo aquella sencilla manualidad en uno de los entretenimientos más esperados de la víspera de Todos los Santos. Actualmente, puede reproducirse de forma más segura utilizando luces LED y dejando los cortes en manos de adultos.

Una tradición parecida a Halloween que tenía un significado propio

Aunque estos farolillos recuerdan a las conocidas calabazas de Halloween, la costumbre andaluza existía antes de que esta celebración alcanzara su popularidad actual en España. Ambas comparten elementos visuales, como las caras iluminadas, pero los melones formaban parte de las celebraciones locales de Todos los Santos y la Noche de Ánimas.

En Olivares, por ejemplo, los farolillos se colocaban al finalizar la noche sobre puertas y ventanas. Según recoge el Ayuntamiento, representaban una ofrenda de luz dedicada a las ánimas benditas. En otros lugares también aparecen creencias relacionadas con los espíritus y la protección de las viviendas. Estas prácticas muestran que los pueblos andaluces tienen sus propias formas de celebrar unas fechas tradicionalmente asociadas al recuerdo de los difuntos.

Los colegios y las familias recuperan una costumbre que muchos niños desconocen

La tradición continúa encontrando espacios para su recuperación. El 21 de octubre de 2026, La Zubia celebró una Fiesta de Otoño dedicada a transmitir antiguas costumbres mediante actividades compartidas entre niños y mayores. En Cañada Rosal, municipio sevillano que conserva esta particular celebración, también se han preparado los farolillos para la noche del 31 de octubre, recuperando una práctica vinculada a la historia local.

Los centros educativos desempeñan igualmente un papel importante. El IES San Felipe Neri publicó el 1 de noviembre de 2025 una actividad en la que su alumnado de Patrimonio enseñó a estudiantes de primero de ESO a elaborar los farolillos. Una iniciativa que demuestra cómo una tradición aparentemente sencilla puede servir para acercar a los jóvenes la memoria de sus abuelos, las costumbres de sus pueblos y una parte del patrimonio cultural andaluz.

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